La medicina ha logrado grandes avances a lo largo de la historia, pero no ha conseguido cambiar una de las pocas certezas que tenemos: que todos, algún día, vamos a morir. Lo que sí puede cambiar la medicina es la manera en que lo hagamos… y es que 25 millones de personas mueren cada año en el mundo con dolor y un alto nivel de sufrimiento por no recibir los cuidados paliativos que necesitan. Sólo en España, 75.000. A menudo hablamos y leemos sobre el avance de los trasplantes o de las cirugías más innovadoras, pero no de los tratamientos paliativos que mejoran la vida de los enfermos terminales y sus familias… ¿por qué?

“Está desahuciado” o “ya no podemos hacer nada por él” son frases que se utilizan a menudo para referirse al paciente que no tiene curación. Pero “eso nunca es cierto, siempre hay mucho que hacer por el enfermo. El problema es que no parece que las autoridades tengan interés en asegurar unos cuidados paliativos universales”, asegura el doctor Marcos Gómez Sancho, médico especialista en cuidados paliativos y coordinador del Observatorio de Atención Médica al Final de la Vida. Gómez Sancho fue uno de los responsables de introducir estos servicios médicos en España al crear en 1989 una de las primeras unidades de cuidados paliativos del país en el Hospital El Sabinal, en Canarias. Unos cuidados cuyo desarrollo ha sido desigual y con los que, a día de hoy, no cuentan todos los hospitales españoles. Han pasado 29 años y España ocupa, según el último ‘Índice sobre la calidad de la muerte’ de la revista ‘The Economist’, el lugar 23 en el ranking mundial de países que ofrecen una muerte digna a sus ciudadanos. La muerte es un tabú social, y los enfermos terminales los grandes olvidados de la medicina. ¿Cómo nos enfrentamos a la etapa final de la vida? ¿Puede a día de hoy la medicina garantizar una muerte sin dolor?

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